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Microrracismo en el aula. Te tratan como si fueses tonto o te felicitan por hablar español

    

Muchos alumnos nacidos en España cuyos padres migraron a nuestro país se han acostumbrado a protagonizar escenas de ‘microracismo’. También en el colegio. 28.05.2017


A. SEPÚLVEDA. EL CONFIDENCIAL.- A mí también me ha pasado. Jóvenes nacidos en España pero con raíces en otros países han aprovechado Twitter para contar sus experiencias en las aulas con comentarios racistas. ¿De sus compañeros? No, de los profesores.Bajo el hashtag #ProfesRacistas, muchos jóvenes aún estudiantes y otros que ya superaban la treintena dejaban en 140 caracteres sus vivencias.


La etiqueta de Twitter no fue espontánea. El periodista y presidente de SOS Madrid, Moha Gerehou, decidió ponerla en marcha a raíz de una denuncia de unos alumnos a un profesor de la Complutense. Por eso, y porque con 24 años, siente que todavía tiene que ir con su árbol genealógico debajo del brazo. “Era un clásico que cuando llegaba un profesor nuevo me dijera que había otro niño negro en otra clase. Y yo me preguntaba si eso se lo decía a todos los niños blancos”, narra. O que, tras trabarse con su apellido al pasar lista, soltara aquel comentario de “qué apellidos más raros tenéis”. “El problema es que esto son ‘microrracismos’, muy arraigados, muy instalados.Es un tema presente del que no se habla cuando se le debe exigir mucho a los profesores en el compromiso contra el racismo; en su mano está perpetuar o no estas situaciones”.


Gerehou acordó con Desirée Bela-Lobedde agitar las redes. Esta catalana con raíces en Guinea Ecuatorial es una activa luchadora contra el racismo. Denunció que YouTube no consideraba el comentario “negra de mierda” en uno de sus vídeos como insulto. Tiene 38 años y lleva desde el instituto recibiendo comentarios referentes al color de su piel. “Me removió mucho la conciencia ser madre; quiero que la sociedad donde crezcan mis hijas sea mejor”. Y ya se ha enfrentado a la primera con la profesora de música de la mayor. En un encuentro casual en la calle, la profesora le llegó a decir que las mujeres negras “están más preparadas para el dolor y pueden parir en casa”. “Esta señora tiene la obligación de educar a los niños y soltó aquel comentario sin darse cuenta de lo que estaba diciendo”.


¿No se habla lo suficiente de este tema? Bela-Lobedde asegura que es probable que los chavales no digan nada en casa ni lo comenten fuera. “Yo recuerdo que no le contaba nunca nada a mi madre de lo que me pasaba. Simplemente quería aprobar la asignatura de turno y seguir con mi vida”. Y cree que todo irá disminuyendo con la renovación generacional del profesorado: “Si los que me daban a mi clase siguen en activo, supongo que seguirán pensando igual”.


“Profes que se ríen de los comentarios racistas”


“Tenía un profesor en sexto de Primaria que ya tenía maneras racistas con algunos compañeros latinoamericanos pero nunca se había metido conmigo. Hasta que mi madre, nacida en Ceuta y casada con mi padre marroquí, fue a hablar con él. Al día siguiente el profesor me comentó que le había sorprendido que mi madre fuera tan moderna, sin velo, que hablara tan bien y fuera tan educada siendo…‘ya sabes'”. Wail Nassar no entendió aquel comentario y se lo dijo a su madre. Se montó una pequeña revolución en casa y quizá fue la primera vez que este alicantino tuviera consciencia de los comentarios racistas a los que se iba a enfrentar a lo largo de los años.


Reconoce que cuando era pequeño no sabía que nacionalidad tenía. Ha nacido en España pero sus compañeros le trataban como si fuera marroquí. Le llegaba a dar vergüenza hablar de sus orígenes así que, a veces, se los inventaba diciendo incluso que era francés. “Ahora me siento español, he nacido aquí, a pesar de que en mi casa haya raíces árabes. Pero me costó saber de dónde era”.


Algunos profesores se han reído de los comentarios racistas que han hecho los compañeros que le han llamado “moro” o “terrorista”. “La broma de la bomba y el suicida siempre está”, apunta. El día posterior a los atentados de Mánchester un alumno del mismo instituto donde estudia y que no conocía de nada se plantó delante de él y le preguntó si le parecía bien “lo que habían hecho”. Tiene 17 años está en primero de Bachillerato y no hace tanto que una profesora le dijo mirandole a los ojos que ‘España era un país avanzado no como otros’.


El primer día de clase este mismo año otro profesor decidió preguntar a todos los alumnos su nacionalidad. “Una de las chicas que parecía rusa le dijo que era española. El profesor le dijo que era imposible y estuvieron cinco minutos discutiendo. Cuando llegó mi turno quería ahorrarme todo aquello y dije directamente que era marroquí“, cuenta. “Se que me van a tratar diferente siempre, en la escuela, en la calle, me pasa constantemente. Hay racismo en las aulas porque los profesores no son entidades perfectas y pecan de ciertas cosas“.


Estos episodios también los sufre su hermana, de 9 años, a la que preguntan cosas sobre Marruecos y no sabe qué contestar. “Tengo miedo de que esos marroquís a los que les acusan de ser terroristas, y que han nacido en España, al final, sientan tanta rabia por los insultos que ya no se sientan españoles. Esto no es un problema banal, tiene una raíz más profunda“, reflexiona.


“Tenemos que dar gracias por un genocidio”


Ha decidido no callarse. Génesis Alexandra Molina cada vez que oye un comentario de un profesor que no le cuadra, abre los ojos y decide rebatirlo. Llegó a España con 2 años de Ecuador, país al que no ha vuelto, y está cansada de oír en clase que Latinoamérica tiene que dar las gracias por haber sido conquistada. “Obviando que aquello fue un genocidio. Que se dijera en el pasado, bueno, pero ¿ahora?”. Dice Génesis que algunos comentarios están tan interiorizados “que la gente que los dice no es mala persona, ni los dice por hacer daño, simplemente no se dan cuenta“, pero que existen. “En esos casos pongo una analogía o les hablo del caso contrario porque lo que a veces falta es empatía”.


Ha notado más racismo en el instituto concertado donde estudia ahora que en colegio “donde parecíamos la ONU, donde había niños de varias nacionalidades“. “Y son varios los amigos que tengo de otros países que me cuentan lo mismo, que en el instituto ven más racismo. Creo que en cuando eres más pequeño no te das cuenta o que hacer daño a un niño es de insensibles”.


Esta estudiante de primero de Bachillerato de 17 años no tiene acento de Ecuador y eso le ha evitado muchas explicaciones pero sí ha visto como a otros compañeros, nacidos en España pero con otro deje, los profesores le han preguntado si entendían bien la lección. “En algunos institutos ponen a todos los inmigrantes juntos en una única clase, dando por hecho ya que serán los peores”.


“Me echó de clase por llevar velo”


Soraya Guenna no entendía por qué cuando tenía 9 o 10 años el profesor le preguntaba por política de Argelia, país de origen de su padre. O por qué la profesora de su colegio dio por hecho que ambos progenitores eran inmigrantes, trabajaban todo el día y ella estaba sola en casa. “Estas cosas me las ha contado mi madre cuando era ya más mayor, entonces no me daba ni cuenta”, explica Soraya de camino a clase en la universidad de Zaragoza.


Lleva velo desde los 16 años y recuerda que discutió con un profesor en segundo de Bachillerato cuando trataronel intento de asesinato de Malala. “El profesor de Filosofía empezó a hablar del tema. Tuve que rebatirle cuando aseguró que ‘los musulmanes la quisieron matar’, mirándome fijamente. No era justo”.


Sin embargo, el caso más grave de racismo en las aulas fue el año pasado, el primer año de facultad. Un profesor la echó de clase por llevar velo. “Me sacó fuera del aula y me lo dijo en el pasillo, que así no podía ir a su clase. Cuando entré a por mis cosas les conté a mis compañeros por qué me echaban”. Hubo otro encontronazo más: “Pasando lista le preguntó a una compañera marroquí por qué ella no llevaba velo como yo. La chica no sabía donde meterse”. El decanato les cambió de profesor y ella aprobó la asignatura sin problemas. Estudia magisterio de Primaria.


“Han sido algunos profesores, afortunadamente no todos, son ‘microrracismos’, pero cuando hablo con mis amigas -marroquíes o africanas- todas tienen alguna historia que contar”. La última vez que se ha enfrentado al problema ha sido en el colegio de su hermana. En la obra de teatro de fin de cursos se dio cuenta de que todos los papeles estaban interpretados por niños blancos, mientras que el resto de alumnos miraban sentados al lado del escenario.


Sukaina Hanna, también de 19 años, todavía ha tenido que aguantar en su módulo de grado medio de Administración que el profesor le pregunte si lo entendía todo bien o prefería que hablara más despacio. “Te tratan de tonta, de ignorante. No me deja de sorprender que me pasen estas cosas a estas alturas; otras veces me echo a reír. Pero si les contestas, se dan cuenta de la metedura de pata y no te vuelven a decir nada”. Sukaina quiere empezar a organizar actividades en el barrio para fomentar la multiculturalidad “porque siempre que nos ven con velo piensan que no somos de España. Yo nací a aquí”, reivindica.


“Hacia los chinos hay prejuicios positivos”


Susana Ye es periodista, nació en Alicante y con 25 años todavía oye aquello de “qué bien hablas español”. Sus padres llegaron de China cuando eran más jóvenes que Susana y ella se crió en Alicante hasta los 11 años. Allí nunca oyó ningún comentario despectivo o racista. Después se trasladó a Valdemoro (Madrid), donde, entonces,solo había dos familias de origen chino. “Lo más que hicieron los profesores fue pedirme disculpas cuando soltaban aquello de ‘naranjas de la China’, ‘esto me suena a chino’ o ‘una china en el zapato’. Pero a mí no me importaba, entendía que eran expresiones”.


Dice que sus compañeros sí utilizaron sus orígenes -“me gritaban china”- para insultarla. “Creo que iban a lo fácil” pero apunta a que no se lo tomó como algo racista. No haber sufrido ‘microrracismos’ en clase se basa, en su opinión, en que tanto en Alicante como en Valdemoro, no había una migración masiva. “Siempre he estado en ambientes pequeños, de familia, y eso ha favorecido que no hubiera ataques”. A eso y a que siempre fue “una empollona”, dicen, una alumna aplicada que no daba problemas en clase.


“Creo que hay microrracismos en todos los ámbitos, no solo en las aulas, pero en el caso de la comunidad china hemos pasado de la fascinación del exotismo, a una reacción negativa de que cocinabamos perros y, hoy en día, a unos prejuicios positivos gracias al ‘milagro económico’ que ha sufrido el país”.