|
Como en otras ocasiones, la Plataforma Libertad y las asociaciones
que la componen, se sienten en el deber de hacer una reflexión
en voz alta destinada a nuestra ciudadanía, particularmente
a esa parte de la misma que sufre con más intensidad la presión
de la violencia terrorista.
Nadie en nuestro país desconoce la etiología de esta violencia,
sus orígenes y los elementos que han coadyuvado a esta situación
trágica que vivimos. La violencia en sí misma supone la transgresión
de todas las normas morales en una sociedad civilizada. Pero
es también el peor de los alegatos y justificación de cualquier
ideología política. El violento, el que agrede o mata a sus
adversarios políticos ha perdido ya, en el ejercicio de la
fuerza, todos lo principios razonables que pretende obtener
por ese medio, por altísimos que se pretendan. En el País
Vasco, la violencia de ETA ni siquiera propone un proyecto
de sociedad minimamente aceptable. En su lucha por la independencia
prescinde expresamente de todos los vascos no nacionalistas,
les excluye de su proyecto "liberador", y más aún, los elimina,
los destruye.
Los demócratas hemos tenido ocasión de comprobar que todos
los totalitarismos se asientan en los mismos fundamentos:
el pensamiento único, que se impone sólo por la fuerza sobre
sus opositores y aun sobre los indiferentes. El totalitarismo
de ETA y de sus secuaces y cómplices, se ha ido revelando
en el transcurso de los años, desde sus primeros crímenes
hasta hoy, como una banda armada cuya imposición sobre la
sociedad se basa en el asesinato, la extorsión y el terror.
Ese grupo que se anunciaba en el periodo de la dictadura como
un instrumento liberador, aparece ahora con su perfil real:
el de un grupo de malhechores instalado en medio de una sociedad
democrática que tiene un alto grado de desarrollo económico
y social, lo cual es una evidente contradicción, una paradoja
que tendría que haber alarmado a los nacionalistas moderados
que tan sólo aspiraban a ocupar el poder y a ejercerlo a su
favor.
El Pacto de Estella puso en marcha una estrategia, en la que
no se sabía si el PNV y EA, instalados en el gobierno autonómico,
pretendían aprovechar la violencia de ETA para amedrentar
a sus opositores no nacionalistas y llegar antes y sin pasar
por el refrendo de las urnas a la independencia. Pero también
existía otro elemento sobre el que se puede especular: que
fueran los elementos violentos de ETA y sus disfrazados compinches,
los que quisieran implantar una dictadura militar-guerrillera,
provista de elementos "ideológicos" residuales del comunismo
albanés, de la socialización de las fosas comunes del camboyano
Pol Pot, o de los escombros del "socialismo real" de Alemania,
Rumanía, etc. Todo ello aderezado con el folclore que el nacionalismo
burgués ha impuesto como señas de identidad de lo vasco: la
txalaparta, la ikurriña y, por supuesto, el euskera. Sobre
el euskera queremos decir, inmediatamente, que es en verdad
un patrimonio cultural de todos los vascos, pero que el nacionalismo
vasco, al igual que todos los nacionalismos etnicistas y excluyentes,
ha querido convertir esta lengua vernácula no tanto en un
instrumento de comunicación, que es lo que al fin y al cabo
corresponde a todas las lenguas, como en un idioma compulsivo,
una contraseña tribal o en una coartada.
Frente a la convivencia democrática, la lógica del exterminio
de la disidencia se ha encarnado en la negación de la palabra,
de los derechos fundamentales, de la dignidad y de la vida
misma, alcanzando a representantes de la voluntad popular,
magistrados, agentes de seguridad, militares, periodistas,
profesores y al conjunto de la sociedad como destinataria
final de la impostura terrorista, cuyo objetivo es, sin lugar
a dudas, exterminar la libertad.
¿Quién nos asegura que quienes mandan al exilio a miles de
personas e imponen la dictadura del miedo hoy, mañana si alcanzan
el poder no efectuarán la limpieza étnica que ya proyectan?.
¿Quién nos asegura que quienes secuestran y extorsionan hoy,
mañana si tienen el poder, no reediten el GULAG?. ¿Quién nos
asegura que quienes han asesinado a casi un millar de personas,
herido y mutilado a miles, y aterrorizado a toda la sociedad
democrática hoy, si tienen el poder el día de mañana no reediten
cualquiera de las tragedias genocidas que desgraciadamente
la humanidad ha conocido en el siglo que acaba de concluir?.
No queremos un horizonte incierto y probablemente dramático
ni para el País Vasco, ni para la sociedad democrática española
y deseamos fervientemente que este periodo del horror homicida
concluya de manera definitiva. La Plataforma Libertad constituida
por Foro Ermua, Movimiento contra la Intolerancia, Asociación
de Victimas del terrorismo, Foro El Salvador y Asociación
Catalana por la Tolerancia, quiere pedir en voz alta a los
ciudadanos que superen el miedo, que acudan masivamente a
las urnas y que desafíen a quienes quieran torcer su voluntad
con amenazas de cualquier género, denunciando y rechazando
el talibanismo y los intentos de enmarañar y trastocar el
legítimo derecho de los vascos a votar sin coacciones, ni
perturbaciones del proceso electoral. El intento de utilizar
el DNI vasco no deja de ser una burda operación para provocar
un ambiente irrespirable que dificulte el ejercicio del voto.
Por ello llamamos a la ciudadanía a unirse en la calle contra
la tiranía, para que sea el preámbulo de una fiesta democrática,
la del voto libre, la del voto secreto, la del voto legítimo,
la de la soberanía real que es la que se expresa en las urnas,
sin limitaciones ajenas al propio Estado de Derecho.
Los demócratas tenemos una opción única para trocar este país
peligroso por otro más cómodo y civilizado; tenemos que votar
a otros demócratas, a los que creen en la Constitución y en
el Estado de Derecho. A los que creen en la vida; a los que
creen en la pluralidad, en la diferencia, en la solidaridad
con los demás pueblos de España; a los pacíficos rebeldes
y a los rebeldes pacíficos; a los que no olvidan ni quieren
olvidar el dolor de las víctimas del terrorismo.
El día 13 de mayo hay que ir a votar para que este país sea
nuestro y no tengamos que vivir como subarrendados del nacionalismo;
tenemos que reconquistar la paz sin pagar nada por ella, sin
humillarnos, sin subestimarnos por el color de nuestra piel
o el índice de nuestra hemoglobina. Tenemos que vencer a la
aldea cerrada y triste; al disparate endogámico. El día 13
de mayo tiene que ser un día de júbilo, de esperanza, para
que podamos ver el futuro sin ataduras ni miedos, sin pistolas
ni gritos.
Adelante, ciudadanos. ¡A las urnas!. Viva la libertad.
Vidal de Nicolás, Esteban Ibarra, Juan Antonio Corredor,
Ernesto Ladrón de Guevara. (Miembros de la Plataforma Libertad)
|