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LA VIOLENCIA TERRORISTA / EL DEBATE POLITICO
VIDAL DE NICOLAS. ESTEBAN IBARRA
¿Diálogo? Sí, democrático
Conmocionados por el asesinato de Ernest Lluch, movilizada
la ciudadanía como una sola persona en la condena del crimen,
una reclamación prácticamente hecha en su nombre y sobre su
cadáver, se ha puesto encima de la mesa mediante las palabras
de Gemma Nierga al finalizar la manifestación de Barcelona:
"¡Ustedes que pueden dialoguen!".
A raíz de este hecho se abre un debate de gran alcance político
que trata de ser camuflado tras la palabra inocua y seductora
de diálogo. De entrada, ningún demócrata se niega a mantenerlo
ni puede ofrecer resistencia a dicha palabra, sobre todo,
cuando la propia democracia ha convertido el arte de dialogar
en institución y ha creado instituciones para que su desarrollo
se ejercite. El problema viene cuando se subvierte el lenguaje
y se utiliza para designar otra cosa: ceder ante la amenaza
de la organización terrorista. El diálogo realmente sólo es
negado por quienes practican la dialéctica sanguinaria de
las pistolas y por quienes les apoyan. Apasionados defensores
del consenso, los demócratas debemos advertir de la perversión
de una mala formulación, que es aquélla que usa este término
para legitimar situaciones de vulneración de los derechos
fundamentales, incluido el de la vida.
¿Diálogo? Sí, siempre, pero democrático. ¿Esto que implica?
Que el diálogo no puede ser concebido para negar la libertad
de los ciudadanos, para facilitar el proceso a un proyecto
totalitario, que no puede servir para negar el derecho a la
justicia de las víctimas del terrorismo, ni utilizarse para
deslegitimar la Constitución, y en definitiva para pactar
objetivos que persiguen los terroristas.
¿Diálogo democrático? Sin lugar a dudas, con los demócratas,
con quienes condenan el terrorismo, para defender la libertad
de los ciudadanos, para definir objetivos que acaben con el
terrorismo, para apoyar las reivindicaciones de las víctimas.
Diálogo con los que escuchan y dialogan, son pacíficos y respetan
universales derechos, para ponernos de acuerdo en cómo avanzar
en la erradicación de esta pesadilla, en como aislar a ETA.
Que nadie dude de la voluntad de diálogo de los demócratas,
la hemos manifestado siempre y que nadie instrumentalice el
espíritu de Lluch haciendo tabla rasa de la firmeza democrática
en defensa de principios esenciales que no permiten espacios
a procesos de "diálogo y negociación" que esconden caminos
que conducen a horizontes totalitarios.
Las manifestaciones de Barcelona y San Sebastián si algo dejaron
claro fue el rechazo unánime de la sociedad a ETA. Dicho esto,
hay que significar que las manifestaciones recogían la pluralidad
realmente existente en la ciudadanía. Las gentes de Barcelona
y San Sebastián no salían a la calle a reivindicar al Gobierno
de José María Aznar la alternativa política de la cesión ante
los terroristas disfrazada de una hermosa palabra.
Salíamos a condenar el asesinato de Ernest Lluch y a solidarizarnos
con sus seres queridos. Y además con un anhelo, que la unidad
de los demócratas sea efectiva en la lucha contra el terrorismo.
Ir más allá de esto, es instrumentalizar un sentimiento ciudadano;
ir más allá es faltar a la verdad y aprovechar un silencio
cívico para poner en la boca de los ciudadanos, reivindicaciones
no expresadas. Por eso, cada vez nos gustan menos las manifestaciones
en silencio y queremos gritar libertad tomando la palabra
para defender la vida, pese a que algunos nos quieren imponer
el mutismo. ¿No es una contradicción extraña invocar el diálogo
y a la vez, pedir silencio a los ciudadanos? ¿No conlleva
esa consigna, a la postre, un altavoz al monólogo paranoico
de ETA? Las televisiones han emitido imágenes de Ernest Lluch
dirigiéndose a los proetarras y proclamando: "¡Gritad, gritad
más, mientras que gritéis no mataréis!". ¿No es una contradicción
plantear a los fascistas que griten y a los demócratas que
guarden silencio?
A las gentes pacíficas, como dijo Blas de Otero, nos queda
la palabra, y la ejercemos con el diálogo diario de nuestras
instituciones y nuestra vida en convivencia.
Vidal de Nicolás y Esteban Ibarra son el presidente y el portavoz
de Foro Ermua y Movimiento contra la Intolerancia
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