Uno de los discursos que mas daño esta haciendo a los inmigrantes,
perjudicando su integración social y su relación armoniosa
con la sociedad de acogida española, es el discurso de la
delincuencia. Además diversos responsables políticos y algunos
medios de comunicación al no efectuar en sus expresiones una
clara y rotunda distinción entre delincuente extranjero e
inmigrante, identificando erróneamente inmigración con delincuencia,
provocan peligrosamente el desarrollo del prejuicio xenófobo
que acaba convirtiéndose en pura gasolina que utilizan en
sus incendios los grupos racistas.
Es verdad que la delincuencia ha subido un 10%. Aquí no está
la discusión. Es más, quienes somos radicalmente defensores
de los derechos de las víctimas opinamos que esta cifra está
maquillada y que el crecimiento es aún mayor, como demuestran
los datos de la Fiscalía General. En lo que discrepamos por
injusto, faltar a la verdad y peligroso es en adjudicar buena
parte del problema a la inmigración, concretamente a la irregular
y al tan traído "efecto llamada". Y es que negamos la mayor,
los delincuentes extranjeros, sean individuales ó mafias,
no son inmigrantes, tengan papeles ó no, no han venido a trabajar,
como tampoco son turistas aunque muchos entren por esa vía,
son simple y llanamente delincuentes, que ya lo eran en su
país, eso sí extranjeros que, como los nacionales, se aprovechan
de los nichos de impunidad que hoy se producen en España.
La estigmatización que se está produciendo con los inmigrantes
es extraordinariamente injusta y peligrosamente xenófoba.
Si de los 50.000 presos que existen en nuestras cárceles ,
15.000 son extranjeros y un 80% están relacionados con bandas
mafiosas en su mayoría mixtas, quiere decir que solo un pequeño
número es adjudicable a la marginalidad migratoria, y en consecuencia
nadie tiene derecho a criminalizar a millón y medio de inmigrantes
que están en nuestro país trabajando y ayudándonos a salir
adelante. Es como si efectuáramos la barbaridad de categorizar
a todos los jóvenes como delincuentes por el hecho de que
la mayor parte de los delitos, el 90%, se cometen entre los
15 y 30 años de edad.
Este discurso, explotado por Lepen en Francia mediante la
táctica de extender la responsabilidad de cualquier delito
cometido por un extranjero al conjunto de los inmigrantes,
expande la xenofobia. Pero desde una mirada objetiva y éticamente
correcta, jamás se debe aceptar la criminalización del colectivo
de inmigrantes; ni siquiera de los que no tienen papeles,
pues además de ser falso que estas personas que desde su situación
irregular tramitan hoy su documentación sean una bolsa de
delincuencia, lo que sucede señalándoles como "cabezas de
turco" es que se ocultan las verdaderas causas del problema.
Sin embargo las causas de este crecimiento del problema, que
no las raíces pues esto sería otro debate, no hay que buscarlas
en el chivo expiatorio de la inmigración y sí en legislaciones
incoherentes que facilitan la multirreincidencia o la benevolencia
con el delito, en la ineficacia policial alimentada por un
modelo, planes y falta de medios que muestran el rostro de
un fracaso, en la incongruencia de muchos operadores jurídicos
(fiscales y jueces) que no actúan con el debido rigor y en
una política de seguridad ciudadana que se olvida de los ciudadanos
y de su derecho fundamental a la seguridad y a la libertad.
Ni se pueden engordar las cifras catalogando como delito una
simple infracción administrativa por no tener "papeles", ni
se puede silenciar que los delitos cometidos por delincuentes
autóctonos hacia los inmigrantes, especialmente en el ámbito
laboral, han crecido casi un 400%; ni se puede obviar que
el 60% de delitos tienen que ver con la drogadicción y que
la delincuencia se dispara los fines de semana, precisamente
cuando no hay policía.
Frente a este discurso irresponsable que alimenta la xenofobia,
necesitamos otra didáctica que humanice la inmigración, que
resalte lo positivo que es mucho, y que nunca olvide que nadie
deja su familia, su casa, y su país sino es por verdadera
necesidad. Las víctimas del delito, los inmigrantes y la ciudadanía
democrática no nos merecemos esto. Por todos, un respeto.
Esteban Ibarra
Presidente
Movimiento contra la Intolerancia
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